Ensuciarlo, mojarlo y hasta en casos extremos quemarlo, destruirlo o tirarlo. ¿El vestido de boda? ¡No!, afirmarían la mayoría de las novias y más aún sus mamás y las abuelas, quienes generalmente lo atesoran en el baúl de los recuerdos.

Fotografías de novia
Sin embargo, desde el año 2001, para las novias más arriesgadas y audaces el inmaculado vestido blanco ya no debe conservarse forever and ever, la tendencia desde entonces es, generalmente después de la luna de miel, sumergirse con el vestido puesto al agua, puede ser en la playa, un cenote, alberca lago o río.
Se trata de Trash the Dress o “Fearless Bridal” (novia sin miedo), un estilo de fotografía de boda que contrasta con la elegancia del gran evento. Esta sesión es tomada en un ambiente totalmente ajeno al de una boda y puede hacerse también en las calles de la ciudad, techos de casas, yunques, el campo o en edificios abandonados.

Fotografías de novia
Aunque el fotógrafo John Michael Cooper fue el que dio rienda suelta a este tipo de imágenes, la idea de destruir el vestido de boda había sido usado de manera simbólica en el año de 1998 cuando Meg Cummings de la telenovela “Sunset Beach”, corrió por la playa con su vestido de novia después que su boda fuera can-
celada.
Desde entonces este estilo se ha difundido alrededor del mundo, principalmente en Inglaterra, por fotógrafos como Steve Gerrard y Mark Theisinger.
El significado de un Trash the Dress es como una declaración de que la boda se ha realizado ya y el vestido no volverá a usarse.

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