Aunque actualmente el velo de novia ya no es un accesorio indispensable en el atuendo de las novias, y se ha sustituido por tiaras, diademas, flores y hasta sombreros, desde sus orígenes tiene un significado muy especial, denota principalmente pureza.
Los paganos creían que usarlo alejaría a los malos espíritus, capaces de robar la pureza a la novia; eran de colores rojo y amarillo para protegerlas.
También, desde entonces, se considera de mala suerte que el novio viera a su prometida antes de la boda, por lo que el velo la cubriría para evitarlo.
Además de las bodas religiosas, las judías y cristianas también incluyen en el ajuar de la novia el velo; en el segundo caso para cubrir la luz divina que emana de la novia y, en el tercero, también por motivos de pureza.

Bernardo-del-Villar

ESTILOS
A principios del siglo IV, los velos se hacían de una tela fina de color amarillo o rojo, pero las bodas judías optaron por el de color blanco, aunque actualmente varían de acuerdo a las tendencias de la moda.
El material con el que se realizan, principalmente es de tul o encaje pero, igualmente, los diseñadores han propuesto variaciones que algunas novias han adaptado a su estilo.

 

¡Te amaré por siempre!

Cuenta la leyenda que en la cascada “El velo de la novia”, ubicada en el parque nacional “Rada siete tazas”, en el país de Chile, una pareja de recién casados visitó este lugar sin pensar siquiera que ese paseo rodeado de amor se convertiría en una tragedia, pues mientras se acercaban al borde del precipicio, ella tropezó y cayó desde lo más alto, mientras él, angustiado y sin poder detenerla, observaba a su amada en precipitado descenso. Sus miradas lograron cruzarse por un momento y ambos gritaron “¡Te amaré por siempre!”.
Pero en un acto de amor eterno se lanzó tras ella y perecieron juntos en el fondo de la cascada. Sus cuerpos desaparecieron y nunca pudieron encontrarlos, pero se cree que sus almas aún siguen en el lugar, para poder alimentar el amor de todas aquellas parejas que con fe desciendan a la cascada y beban tres sorbos del agua de la fuente que se forma al final de la caída. De esta forma, el amor que un día los unió en compromiso se engrandece y perdura por siempre, con la misma fuerza de aquellos recién casados que ni la muerte pudo separar.

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